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Ante el pedido de Marcia Haydée, Marilyn Burr y Luz Lorca, Sara Nieto sube excepcionalmente al escenario del Teatro Municipal en homenaje a Iván Nagy, recientemente fallecido.

Interpreta el rol de Bathilde.

ESTA ES LA CARTA QUE SARA NIETO ENVIÓ A LA PRENSA A RAIZ DEL FALLECIMIENTO DE IVAN NAGY:

GRACIAS IVÁN

En 1982 cambio la Historia del Ballet en Chile. Llegó Iván Nagy. Una estrella del ballet, del American Ballet Theatre, precisamente la compañía de  ballet con los mejores bailarines del mundo,  en el Metropolitan Opera House de Nueva York. De los grandes, al nivel de Baryshnikov o Nureyev. Partenaire  de Makarova y otras bailarinas estrellas. Se retiró muy joven, a los 35 años.

Fue invitado por la Corporación Cultural de Santiago  de aquellos tiempos a tomar una audición y conocer Chile. Inmediatamente se enamoró de este país. Encontró a una compañía errante, sin una línea artística y se propuso elevarla  a un nivel internacional.

Comenzó haciendo una revisión de los bailarines. Sí, echó a muchos, pero porque no tenían el nivel que él ambicionaba. Fue una situación muy dura incomprendida en ese momento, pero aceptada a medida que pasó el tiempo.

Realizó una audición internacional, en la que vinieron varios compatriotas míos (yo estaba en el Ballet del Teatro Municipal un año y medio antes, al igual que la otra gran primera bailarina, la cubana -norteamericana Berthica Prieto).

Fue una invasión de uruguayos, creo que contrataron a más de una docena (nuestro teatro se había quemado y había pocas oportunidades artísticas allí), pero también de otras nacionalidades.

Su primer año a cargo del Ballet del Teatro Municipal (así se llamaba) fue impresionante. Tuvo por suerte como mano derecha a una chilena que amaba el ballet como Luz Lorca, quien le facilitó el camino por su eficiencia administrativa. Logró que  actuaran con nuestra Compañía  bailarines súper estrellas como Makarova, Bujones, Li Cunxin,Richard Cragun, Marcia Haydée quien dirige desde años el Ballet de Santiago, del cual se enamoró seguramente gracias a esa visita.

Coreógrafos de primer nivel mundial, presentando por primera vez en Chile obras del repertorio universal que asombraron al público. Entre otros Ben Stevenson, André Prokovsky, Ronald Hynd, quienes nunca habían venido a Sudamérica. Y también obras  de coreógrafos jamás pensamos que podrían estar en nuestra Compañía, como Cranko, Balanchine entre otros.

Trajo a su familia, a sus hijas, pero especialmente a Marilyn, su mujer, quien fue también fundamental en la historia del ballet en Chile. Ella, como australiana y de gran trayectoria, aportó el estilo (algo tan difícil) el profesionalismo, la técnica y por sobre todo la entrega artística (en los camarines llegaba a preocuparse de todos los detalles, como nuestro maquillaje, peinado y coronas). También impulsó el regreso de grandes artistas chilenos que habían triunfado en el exterior como Edgardo Hartley y su esposa Elba Rey. Y entre los extranjeros destaco a Gilles Maidon entre otros valiosos aportes.

Al pasar de los años el público se volcó al Teatro Municipal en forma masiva. Gente que nunca había asistido a funciones de ballet. Pasó a ser popular. Recuerdo 17 funciones agotadas de La Fierecilla Domada, 15 de El Lago de los Cisnes, 20 de Cascanueces, como nunca se había visto y nunca más se vio en Chile.

En 1985, con motivo del gran terremoto en Chile convocó a grandes bailarines de primer nivel en el mundo para hacer por primera vez una gala para reunir fondos para ayudas a las víctimas. Todos vinieron generosamente sin cobrar honorarios por la admiración que le tenían a Ivan. Entre los bailarines se encontraban Fernando Bujones, los Kozlov, Li Cunxin, Jennifer Parker, Zane Wilson, entre otros.

También en ese momento decidió que la compañía estaba en un nivel internacional como para presentarse en el centro mundial del espectáculo: Nueva York. Tal como lo dice Frank Sinatra en la canción ( si lo haces allí, lo puedes hacer en  cualquier parte). Con el apoyo de Luis Osvaldo de Castro, Director General del Teatro Municipal y Andrés Rodríguez como Director Artístico y de Carlos Bombal como Alcalde de Santiago y Presidente de la Corporación.

En 1986 dio por terminada su primera etapa en el Ballet de Santiago (sí, también le cambió el nombre a la Compañía) . Presentó en nuestro país  ballets que ni en el más remoto de los sueños el balletómano más apasionado se podía imaginar en Chile. Entre ellas, La Fierecilla Domada, Rosalinda, La Cenicienta, Anna Karenina, Romeo y Julieta, Peer Gynt,  La Bella Durmiente, etc.etc.etc. No solamente clásicos, sino también contemporáneos. Al nivel que toda Sudamérica envidaba. Un sueño. Hasta mi gran amigo Julio Bocca quería en sus comienzos venir a integrar nuestra Compañía, tal como me lo manifestó  en su momento. Fue para mí la época de oro del Ballet de Santiago.

Entonces decidió volver a EEUU, particularmente a Cincinnati, donde tuve el privilegio de que me llevara como una de sus primeras bailarinas. La Compañía creció y también fue socia artística del Ballet de Nueva Orleans y el de Knoxville, donde también me tocó participar gracias a Iván. Tuvo además un gesto que apreciaré por siempre, que fue invitarme a que me quedara en su casa, con su familia, mientras bailaba en Cincinnati para que no me sintiera sola en un hotel.

Al igual que en Santiago, Ivan decidió dar un paso gigante y aceptó la dirección del English National Ballet, donde también implantó su idea artística.

Increíblemente en 1996 decidió volver a Santiago, ya que  según él, el Ballet de Santiago era “su guagua”. Nuevamente lanzó su criterio y línea artística.

Un  año después me retiré de la danza. Iván armó para mí una despedida que no tuvo antecedentes en Chile y que probablemente  nunca  más se repetirá. En la función, con el alero del Alcalde de Santiago, Jaime Ravinet , pidió que participaran todos los estamentos del teatro, desde las vestuaristas hasta los tramoyas, desde los administrativos hasta los técnicos subiendo todos al escenario, hasta el Coro del Teatro cantando el brindis de La Traviata. Y además trajo bailarines desde el extranjero que habían sido mis partenaires para bailar conmigo. Fue inolvidable.

Lamentablemente, meses después, a través de huelgas y manifestaciones no muy artísticas muchos de los bailarines que aún están en el teatro y algunos administrativos  llevaron  a Iván alejarse de Santiago sintiendo muy poco respaldo.

Por suerte Marcia Haydee y la Corporación Cultural de Santiago lo invitaron en varias oportunidades, junto a Marilyn, para que volvieran a remontar sus ballets favoritos y así  entregar  su calidad artística al Ballet de Santiago y lo conocieran sus nuevos integrantes.

Para  mí en particular, Iván  significó la etapa más destacada de mi vida, Curiosamente 16 años de mi carrera fueron en Uruguay  y los últimos16  en Santiago, pero gracias a Iván bailando en toda América del Sur, EEUU y Europa un repertorio que jamás hubiera imaginado, compartiendo escenarios con los grandes bailarines del mundo y con coreografía de los mejores.

Encuentro que ha sido poco el reconocimiento a Ivan Nagy. Y a Marilyn por lo que han hecho por el ballet en Chile.

El Teatro Municipal tiene dos salas de ensayo para ballet, una debería llamarse Octavio Cintolesi, fundador del Ballet de Santiago y la otra Iván Nagy.

La gran mayoría de los bailarines en Chile y quienes estudian ballet lo hace gracias a que  el decidió venir a Chile y apasionarnos con  una de las más sublimes de las artes: el ballet.

 

SARA NIETO